lunes, 26 de mayo de 2008
domingo, 18 de mayo de 2008
lunes, 5 de mayo de 2008
Era una lluviosa mañana de abril en París. Danielle estaba tan nerviosa que su maquillaje corría junto a las pequeñas gotitas de sudor que recorrían su rostro. Su cabello de bucles fue estirado el día anterior con la nueva técnica japonesa. De esas que sólo se consiguen con una cita pautada con 2 meses de anticipación.
Gabriella, mientras tanto, se encontraba meditando sus técnicas de relajación. Técnicas que le permitían calmar sus nervios hasta el punto de envolverse en una sola. Aún no se había maquillado y su vestido estaba todavía junto a los otros.
Gabriella, mientras tanto, se encontraba meditando sus técnicas de relajación. Técnicas que le permitían calmar sus nervios hasta el punto de envolverse en una sola. Aún no se había maquillado y su vestido estaba todavía junto a los otros.
Las minutos se perpetuaban en largas horas y ambas continuaban lo que estaban haciendo con tranquilidad, sin importar lo demás.
Danielle encontró paz dando pequeños saltos a lo largo de los bastidores. En ocasiones, interrumpía y molestaba a las demás chicas con sus corridas exasperantes. Corridas que hacía descalza y casi volando en medio de trajes, sombreros y bufandas. Danzaba como una pluma desplazádose por todo el lugar. Su fina y delicada figura sobresalía como un precioso cristal entre las demás chicas.
Gabriella terminó su meditación preparando y bebiendo un té de manzanilla con malojillo para calmar su ansiedad. Esperaba a que se enfriara y le colocaba 3 cucharadas de azúcar para endulzar su espera.
Danielle recibió la visita de la organizadora junto al diseñador para comentarle que era hora de salir al escenario.
Gabriella, a su vez, deshacía su vaso de anime para entretenerse y salir del fastidio causado por la espera.
Danielle volvió a los bastidores para retocarse el maquillaje y quedó mirándose al espejo por varios minutos. Pensaba que en la mayoría de estos permanecía ahí sentada. Incluso al salir, sentía que su cuerpo se separaba de sí dejando frente al espejo a su verdadera persona.
Gabriella salió con una sonrisa imponente y una fuerza que caracterizó todo el evento. Volvió a bastidores y mientras miraba al espejo se decía: "lo hicimos una vez más y todas estas fotos son prueba de ello".
Danielle estaba deprimida tras el evento. De pronto fue afectada por un destello que salía de su tocador. Al fijarse con detalle en el espejo logró sacar un diario escondido. Se dirigió a uno de los puff del camerino. Después de acomodarse se dispuso a leer unas líneas del diario hasta quedarse dormida. En sueños una voz la llamaba a escoger un camino. El primero la invitaba a despertar y seguir con el evento y el segundo le aconsejaba dejar todo o morir en el intento.
Gabriella hablaba consigo a través del espejo. Se llenaba de ánimos y ganas de continuar con su sueño. Sueño que llevaría a cabo a pesar de cualquier circunstancia, incluso a pesar de ella misma.
Danielle se despertó sobresaltada al escuchar que una voz interior le decía “llevaré a cabo nuestro sueño a pesar de cualquier circunstancia, incluso a pesar de ti misma”. Volteó esperando ver a alguien y sólo pudo encontrar su sombra en el espejo.
lunes, 18 de febrero de 2008
A través de mi ventana
me perdí en el paisaje de mis pensamientos.
Era un paisaje azul oscuro, frío, con una gran luz
que me llamaba.
Desvié la mirada.
Ya nada escuchaba como tú me escuchas ahora.
No escuchaba.
Todo había desaparecido a mi alrededor.
Toqué las estrellas y la luna.
Entendí que lo que me decía era desesperadamente importante.
Se alejaba de mí cada vez más.
Me a- le- ja- ba de mí cada vez más.
Hubo un sonido crujiente y un estallido de luz
con la misma rapidez con que lo digo ahora.
Todo oscureció.
(Silencio)
me perdí en el paisaje de mis pensamientos.
Era un paisaje azul oscuro, frío, con una gran luz
que me llamaba.
Desvié la mirada.
Ya nada escuchaba como tú me escuchas ahora.
No escuchaba.
Todo había desaparecido a mi alrededor.
Toqué las estrellas y la luna.
Entendí que lo que me decía era desesperadamente importante.
Se alejaba de mí cada vez más.
Me a- le- ja- ba de mí cada vez más.
Hubo un sonido crujiente y un estallido de luz
con la misma rapidez con que lo digo ahora.
Todo oscureció.
(Silencio)
lunes, 4 de febrero de 2008
Era un domingo cualquiera. Las calles de Caracas se encontraban vacías por ser carnavales. Las tiendas de los centros comerciales estaban aún cerradas. Los kioskos trabajarían hasta las 2pm. Sólo abriría el Cine con funciones hasta las 4pm y el automercado hasta un poco menos de las 3.Ignacio solía salir de la rutina cotidiana todos los domingos. Se despertaba temprano, desayunaba en sitios extraños y se disponía a visitar los espacios de su zona residencial en bicicleta. Era un día lluvioso y frío. Se arregló más rápido que de costumbre y llegó hasta un centro comercial ubicado a 10 minutos de su casa. Entró en el automercado para dejar todos sus problemas, dudas, molestias y tristezas. Era un chico callado, en ocasiones tímido y sin buena suerte para tratar a las chicas que le interesaban.
Dentro del automercado realizaba un "ritual de compra" que terminaba con 256 pasos. Ni más ni menos. Su primer dilema se presentó en el pasillo de los cereales. No sabía qué producto llevaría, cuál era el motivo de su visita ni qué haría después para evitar volver a su hogar.
A unos 25 cms. de distancia se encontraba Karina. Una chica a la que le gustaba realizar compras compulsivas. Compras con las que se sentía viva. Le gustaba compartir y ser parte de un todo que hacía lo mismo que ella. Tenía tiempo viendo fijamente al muchacho. Después de caminar varios pasillos detrás de él, decidió acercarse y ayudarle en su indecisión.
- Karina ha sido una fría mañana. ¿No te parece?
- Ignacio la verdad lo ha sido toda la semana. Y hoy no iba a ser la excepción.
- Ciertamente Ignacio. He observado tus pasos desde la entrada.
Los dos iban caminando juntos compartiendo sus molestias, sus compras, su tiempo, su espacio, sus ganas de escapar de la vida que les pertenecía fuera de ese lugar. Se trataron como si se hubiesen conocido de siempre, de toda la vida. Caminaban por todos los pasillos, discutían lo que comprarían y lo que no. Se imaginaron una vida juntos llena de compras los domingos, de trabajo en las semanas y de sueños por realizar.
- Podríamos dejar nuestros carritos en este instante y así volver a entrar juntos para vivir lo que seremos.
- O simplemente podríamos quedarnos en este automercado viviendo momentos especiales.
Ella hablaba con una gran emoción mientras caminaba con las manos entrelazadas en los brazos de Ignacio. Él, alzando la mirada, le sonreía con un gesto de afirmación. Entraron de nuevo tomados de la mano y enredados en la mirada del otro. Iban y venían risas, abrazos, sonrisas y un vacío que los separó cuando unas cornetas se encendieron para decir: "nuestras puertas se cerrarán en 5 minutos".
Ignacio estiró los dedos y los enredó bajo su sábana. Se despertó algo sobresaltado y lleno de ganas de ir al automercado para comprobar si su sueño se haría realidad esta vez. Sueño que se venía repitiendo con diversos finales hace tres meses en ese lugar, con esa misma chica.
lunes, 7 de enero de 2008
Este nuevo año me hice un propósito: que escribiría una especie de diario para recordar cada uno de los detalles que marcaron mis días. Después de escribir esos detalles y recuerdos especiales, evaluaría mis subidas y bajadas de ánimo en los fines de semana.
Este sábado evalué las dos semanas que han pasado. Encontré un día cotidiano y especial en mi pequeño diario que dice así:
Anoche me dormí deslizando mis sueños por retos, derrumbes, dudas y una fuerza que me impulsaba a continuar. Desperté más temprano de lo usual. Pude ver el amanecer quebrando los hilos de la cortina que viste mi ventana. El silencio me permitió escuchar el ritmo de este nuevo día que tenía frente a mis ojos llenos de sueño por la hora. Me dispuse a escuchar música. Esa que de sólo mencionar su nombre es capaz de despertar de un golpe a cualquiera. Preparé el desayuno para tres: jugo de naranja, tostadas, panquecas y café. Antes de probar la comida di de comer a mi perro, ya que del estrés por el hambre hubiese sido capaz de comernos. Entre mi hermano y yo recogimos la mesa para ir corriendo a arreglarnos. Como de costumbre se hacía tarde para ir a clases. En el carro sólo se escuchaba el sonido de los autobuses discutiendo con taxistas, cornetas parpadeantes de motos llenas de miedo al pasar, gritos de niños que saliendo de clase esperan ser rescatados lo más pronto posible, la radio con canciones viejas que se repiten una y otra vez y, finalmente, una pareja discutiendo por celular frente a frente distanciados por una vía que sube y baja llena de carros. Me quedé pensando en lo tontos que solemos ser muchas veces. En cómo estando tan cerca no alcanzamos a escuchar al otro que se encuentra a milímetros de distancia. Mandé unos cuantos mensajes para saludar a mis amigos, puesto que se encontraban en la gran sabana y no sabía de ellos. En la universidad el día pasó volando. De hecho en un abrir y cerrar de ojos me encontraba en mi casa hablando por teléfono con mi mamá. Preparé un té de durazno para el frío y una galleta que lo acompañara. Terminé los ejercicios para francés, mi protocolo de seminario, un cuestionario de repaso para lingüística y una obra para teatro. Me quedé viendo la luna. Me perdí en todo lo que ella me traía y decía de sólo mirarla. Al cabo de un rato debí quedarme dormida hasta el día siguiente, ya que desperté en mi puff frente a la ventana con una música que venía de mi ipod para recordarme que era el comienzo de un nuevo día.
Este pequeño escrito encontrado en mi diario fue escrito el miércoles 9 de enero de 2008.
lunes, 17 de diciembre de 2007

En ocasiones, al leer un cuento o un texto narrativo, nos encontramos ante la sensación del llamado “extrañamiento poético”. Esta sensación se logra por medio de diversas técnicas que van desde un “no pasa absolutamente nada” hasta situaciones que le son conocidas al lector, en las cuales se conoce lo que está por suceder.
Como ejemplo de esta técnica nos encontramos al escritor uruguayo Felisberto Hernández y su cuento Nadie encendía las lámparas, donde se nos describen detalles cotidianos que nos resultan un tanto excesivos. En este cuento nada pasa. Sólo se nos relata un hecho habitual a manera de recuerdo sin importancia, pero contado con detenimiento en una serie de detalles que son insignificantes y simples.
El extrañamiento es visto como una lucha por presentar una situación que no se queda en ese “nada pasa” sino que va más allá, que requiere una mirada más interior que no se queda sólo en lo que aparenta o busca aparentar. Es por esto que para Viktor Šklovskij, quien introdujo el término extrañamiento, “los objetos percibidos muchas veces comienzan a serlo por un reconocimiento: el objeto se encuentra delante nuestro, nosotros lo sabemos, pero ya no lo vemos. Por este motivo no podemos decir nada de él”. Esto ocurre en Felisberto porque adopta ese carácter extraño que nos sorprende aunque sepamos que al final nada pasará.
Nadie encendía las lámparas busca convertir en algo asombroso y nunca visto aquello que nos es cotidiano, y en ocasiones un tanto repetitivo. Vemos reflejada en dos realidades, una es vista a través de un ser que intentaba leer un cuento en una sala, y la otra es la realidad misma del cuento que es contado. Cuando se pasa a contar la historia del cuento se congela la realidad del tiempo presente, en donde pareciera cobrar vida el papel. Al ocurrir esto, nos llenamos de visiones y expectativas acerca de lo que está por ocurrir.
Lo que verdaderamente ocurre es la presentación, por parte de Felisberto, de una serie de detalles a los que estamos acostumbrados. Detalles que ya no vemos por parecernos habituales y repetidos, por lo que Victor Erlich recomienda que: “arrancando al objeto de su contexto habitual, aunando nociones dispares, el poeta da un golpe de gracia al clisé verbal, así como a las reacciones en serie concomitantes, y nos obliga a una percepción más elevada de las cosas y de su trama sensorial”.
De esta manera podremos percibir ese mundo que nos rodea nuevamente con detalles y asuntos que han estado con nosotros desde comienzos del texto, de esa cotidianidad que no hemos visto por creer que en este cuento (y muchas veces en nuestra propia vida) nada pasa.
lunes, 10 de diciembre de 2007

Un gran hurón de los pantanos se encontraba deambulando por los pasillos de un gran bosque. Era un animal flexibe, de afilados colmillos y de color pardo. Corriendo por los arbusto del gran bosque se perdió. Fue a parar a los pies de una carnicería donde un dependiente de la misma lo atrapó. Lo encerró en una jaula. Lo escondió en un rincón penumbroso de la casa de la señora De Ropp a cambio de unas cuantas moneditas de plata.
En la casa vivía Conradín (primo de la señora De Ropp), quien consideraba al animalito su tesoro más preciado. Para él era su Dios y religión. Lo llamaba Sredni Vashtar. El gran hurón nunca fue sacado de su jaula. Era visitado a manera de rito por el niño, quien oficiaba un místico y elaborado ritual ante el "santuario de Sredni Vahtar" el gran hurón. Este pequeño animal salvaje no tenía interés alguno de hacer amigos. De hecho cerca de él se encontraba encerrada la gallina del Houdán que le tenía miedo a sus gruñidos cotidianos.
Conradín era un niño enfermo. Según opiniones médicas no viviría por mucho más. Estaba al cuidado de su prima, de sus excesivos tratos y un interminable aburrimiento del cual escapaba por medio de su imaginación, su dios y ese otro mundo que se inventaba. Se sentía infeliz, preso y sin ganas de hacer más nada. Su único amigo (aunque le temía) era su gran dios hurón, con el que conversaba y al que le rendía un especial culto. El hurón se detenía a escucharlo, a entenderlo de una manera inexplicable porque sentía, de alguna manera, lo mismo que el chico.
Un día, Conradín visitó a su dios en medio de sollozos y lágrimas. Sólo decía que le tenía un pedido sin pronunciar mayor palabra. El hurón estaba desesperado, llevaba 5 años encerrado y deseaba más que nada encontrar una salida. Ese día la prima de Conradín se encontraba molesta por las rebeldes visitas del niño al cajón. Por lo que se dispuso a averiguar lo que ocurría. Encontró escondida la llave que encerraba el tesoro del chico. Estuvo horas investigando qué contenía la jaula escondida.
En ese momento se abrió la jaula del hurón. El gran dios asustado y lleno de rabia brincó sobre la prima. Esta se asustó al punto de caer al piso del dolor que sintió. Entraron las criadas y al examinarla el médico le diagnosticaron muerte por ataque al corazón. El hurón salió huyendo asustado hacia su bosque anhelado. El niño escuchó lo sucedido sin alterarse. Se preparó unas ricas tostadas y se sintió, al igual que el hurón, libre y feliz aunque lleno de tristeza porque su único amigo lo había abandonado. Lo abandonó para seguir con su vida pero lo liberó para siempre de cualquier atadura infeliz.
lunes, 26 de noviembre de 2007

Un juego de luces que dibujan su cuerpo al pasar
El paso de una imagen que juega con su interior
Su interior transformado en signo, en símbolo, en esencia de su espíritu, su alma
El paso de una imagen que juega con su interior
Su interior transformado en signo, en símbolo, en esencia de su espíritu, su alma
Su alma en meditación trasciende todo cuerpo
Su cuerpo pasa a ser fragmento de un algo de difícil definición
Definición erosionada de toda certeza dada ((de todo elemento conocido))
Su cuerpo pasa a ser fragmento de un algo de difícil definición
Definición erosionada de toda certeza dada ((de todo elemento conocido))
Conocida esta imagen, esta esencia, este cuerpo, este fragmento, esta idea, este discurso
Ser que busca una meditación donde lo interior y lo exterior se unan
donde la luz y la oscuridad generen sombras
donde esté presente esa parte de ti que alguna vez fue una parte de mi.
((Luces, cuerpo, imagen, discurso, sueño, esencia, roce,
silencio, meditación, alma, fragmento, ser, interior, exterior,
certeza, conocimiento, elementos, juegos, dibujos, signos,
símbolos, transformación, definiciones, simulacros,
unión, sombras))
lunes, 19 de noviembre de 2007

Era uno de esos días en los que te invade una sensación inexplicable, incomprensible, irremplazable. Esa que te llena de dudas, de intrigas y de una constante curiosidad hacia un no sé qué irremediable. Me moría por encontrar algo que llamara mi atención y me hiciera olvidar lo que realmente estaba sintiendo. De pronto encontré en internet un test de esos que suelo responder cuando no tengo qué hacer o por simple diversión. Se trataba de números y colores asociados a la buena o mala suerte de las personas.
Siempre me ha gustado el número ocho y por azar o por destino ese fue el resultado de mi quiz. El día estuvo lleno de niños de ocho años correteando por el parque, por amigos que pasaban a octavo semestre de comunicación, por minutos que a mi ver pasaban de ocho en ocho. El día pasó entre risas congeladas, abrazos de consolación y afecto, noticias de cosas sorprendentes, comidas de buen sabor. Por último ocurrió algo tan sorprendente que estoy segura de no olvidarlo al menos por un tiempo. Haciendo el quiz me encontré con la noticia de una "matrícula amuleto". Matrícula con el número 888 que en China da buena suerte. Frente a mí antes de cruzar la calle hacia mi edificio me encontré un carro de esa matrícula. Me desperté de un largo sueño a las 8am. Me arreglé, salí y tuve un maravilloso día de noviembre junto a mis familiares y amigos.
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